¿Te has encontrado alguna vez al borde de las lágrimas, atrapado en un torbellino de emociones que te ha dejado al borde del abismo? ¿Has estado feliz, triste, amargado, enfadado con la vida, y todo en el transcurso de unos pocos momentos? ¿Has dudado del amor de alguien? ¡Bienvenido al club de la humanidad! Todos nosotros, en diferentes grados, somos prisioneros de nuestra propia montaña rusa emocional, de nuestros conflictos internos y externos. Hoy, vamos a explorar la relevancia de estos conflictos en la narrativa, particularmente en las novelas, para ayudarte a entender cómo los conflictos de los personajes pueden hacer que tu historia cobre vida.
¿Qué son los conflictos internos y externos?
Antes de sumergirnos, planteémonos una pregunta fundamental: ¿qué son exactamente los conflictos internos y externos, y por qué son tan esenciales en tu novela?
La respuesta es simple: sin conflicto, no hay historia.
Imagina un relato ubicado en un hermoso castillo victoriano, poblado por una serie de personajes fascinantes, pero sin ningún problema que enfrentar o resolver. ¿Cómo sería? Sin duda, un tedioso relato de una vida pacífica y feliz. No hay nada que capture el interés del lector.
El conflicto, incluso algo tan simple como quedarse sin leche puede dar lugar a una trama adictiva e interesante. Para eso tengo el ejemplo perfecto: en la historia infantil de Neil Gaiman, «Fortunately, the milk» (en español, «El galáctico, pirático y alienígena viaje de mi padre»), el padre sale a comprar leche porque se les ha acabado y es abducido por extraterrestres. De pronto, con ese detalle minúsculo, tenemos una historia emocionante que capta la atención del lector.
Los conflictos internos y externos en la narrativa
En la narrativa, los conflictos se dividen en dos categorías: conflictos internos y conflictos externos.
Los conflictos internos se refieren a las luchas que los personajes mantienen consigo mismos, ya sea con sus sentimientos, deseos o metas. Este tipo de conflicto ayuda a desarrollar a los personajes y a dar profundidad a sus motivaciones y acciones. Por ejemplo, un personaje puede luchar con su sentido de culpa, inseguridad, autoestima o con un problema personal como una adicción, lo que a su vez afecta su comportamiento y decisiones en la trama.
Por otro lado, los conflictos externos se refieren a las luchas de los personajes contra fuerzas externas, ya sea con otras personas, instituciones o circunstancias. Este tipo de conflicto ayuda a crear tensión, contexto y drama en la trama y a desarrollar las relaciones entre los personajes. Por ejemplo, un personaje puede luchar contra un villano, superar un desafío físico o social o un desastre natural.
Es importante resaltar que ambos tipos de conflictos son esenciales para una novela bien desarrollada, ya que ayudan a dar vida a la trama y a hacer que los personajes sean más complejos e interesantes. El conflicto interno está íntimamente relacionado con la evolución de los personajes, permitiendo al lector empatizar con ellos y entender sus luchas. Por otro lado, el conflicto externo es lo que empuja la trama hacia adelante, proporcionando las situaciones y circunstancias que los personajes deben enfrentar y superar.
Por aquí te dejo un vídeo en el que pongo al protagonista de la serie «After Life» de ejemplo. Échale un ojo para entender mejor de qué estoy hablando y para ver cómo los guionistas trabajan con ello:
¿Cómo crear conflictos en los personajes?
Ahora, veamos cómo puedes crear estos conflictos en tus historias:
- Establecer el conflicto desde el principio: El conflicto es lo que despierta el interés del lector desde las primeras páginas de tu novela. Por lo tanto, debes presentarlo desde el principio. ¿Qué quiere tu personaje y qué le impide conseguirlo? Esa es la esencia de tu conflicto.
- Haz que el conflicto sea relevante: Tu conflicto debe ser relevante para la trama y los personajes de tu novela. No se trata de un simple obstáculo a superar, sino de algo que afecte a tus personajes y que los obligue a cambiar y crecer, sea para bien o para mal, de eso te hablaré otro día.
- Haz que el conflicto evolucione: Al igual que tus personajes, tu conflicto también debe evolucionar a lo largo de la novela. Puede comenzar como algo pequeño y convertirse en algo mucho mayor, o puede transformarse en algo completamente diferente a lo que era al principio.
- Resolver el conflicto: Finalmente, el conflicto debe resolverse de alguna manera al final de tu novela. Esto no significa necesariamente un final feliz, sino simplemente que tus personajes han enfrentado y superado el conflicto de alguna manera. Si no se resuelve a tus lectores les quedara un sentimiento agridulce, como si faltara algo.
Y sobretodo recuerda, ¡sin conflicto, no hay historia!
0 comentarios